viernes, 11 de septiembre de 2015

Cumpliendo con la Santina.-

Los Lagos de Covadonga.- Aunque como norma general nos levantábamos temprano para que nos cundiesen los días, ninguno lo hicimos tánto como el primero que dormimos en Dego. Dijimos de empezar nuestra estancia en Asturias visitando a la Virgen de Covadonga, su patrona; aunque haríamos la excepción de subir primero a los Lagos de Covadonga, ya que así -y si madrugábamos- podríamos hacerlo con nuestro coche, antes del corte de la carretera a los vehículos particulares, que tiene lugar a las 8,30 h. Así decidimos poner los despertadores a las 6,30 h.
Dado que nos levantamos más o menos a la hora prevista y favorecidos por un error de cálculo por mi parte, no serían las ocho y diez de la mañana cuando pasamos por el punto de corte de la carretera, a la altura de la Basílica de Covadonga, y unos veinte minutos después nos encontrábamos ya en los lagos. La mañana era fresca y debimos abrigarnos un poco. Bajamos hasta la área de servicio que hay allí, donde algunos aprovecharon para redesayunar. Luego, admirados por el paisaje, decidimos hacer la ruta que recorre los tres lagos, el Enol, el Ercina y el Bricial, este último sólo con agua en la época del deshielo. La ruta resultó ser un poco más larga y abrupta, en algunos tramos, de lo que esperábamos, pero mereció la pena. Decía hace muy poco en una conversación de amigos, que hasta ahora no he visitado ningún sitio al que no volvería. Uno siempre finaliza sus viajes diciéndose ''aquí habría que volver''. De Asturias, sin embargo, uno se va diciéndose ''Aquí volveré''. Y si me dijesen que en mi próximo viaje sólo podría repetir una de las jornadas de este viaje, creo que elegiría la de Los Lagos de Covadonga.
Nuestra primera mañana de Asturias.



Poco después de comenzar la subida de la carretera que lleva hasta los lagos, empezamos a quedarnos admirados por el paisaje que se nos iba presentando curva a curva.

No serían ni las 9 de la mañana cuando ya estábamos preparados para nuestra visita a Los Lagos. ¡Cuántas ganas teníamos!

El lago Enol es el primero que te encuentras y quizás el que más agua tiene acumula. Marián se sintió mona con el gorrito puesto y me dijo que le hiciese una foto así.



Así de guapa estaba María con el sol de la mañana dándole en la cara.



Con el lago Enol de fondo, llevamos a cabo la primera sesión de fotos a Marián Y Sara.















El cachondeo fue una constante en estas sesiones fotográficas.













Lago Enol

Después de estar un rato a la orilla del Enol, nos pusimos en marcha para realizar nuestra ruta de senderismo por la zona.

Aunque ya nos lo habían comentado, nos llamó la atención la cantidad de vacas que hay allí arriba. Vacas sueltas, esparcidas por toda la zona y mansas.



La ruta se iba elevando sobre el Enol, delque nos ofrecía esta vista.



Una vaque asturiane paciendo tranquile.

Una vaque asturiane disimulando que está hasta los hueves de los turistes.



Después de un ratito subiendo aquella ladera, por fin nos encontramos el otro lago con agua en esta época: el Ercina.



Junto a este lago hay un área de servicio en la que aliviamos nuestras necesidades fisiológicas y energéticas. Yo también aproveché para sacar algunas instantáneas del lugar.



Otra vaque.

Nos resistíamos a ponernos en marcha porque allí se estaba de maravilla.









Ahora una segunda sesión de fotos, en esta ocasión con el Ercina de fondo.














Después de mucho remolonear decidimos iniciar la ruta de senderismo, con la intención de dar marcha atrás si la cosa se complicaba mucho.























Gracias al Tamrom de 270 mm de Jose, y un poco de zoom digital en el procesado, pude acercar esta cabra montés que vimos en la lejanía pastando sobre la pared de una montaña lejana.


La ruta de senderismo pasa por esta casa, de una pastora que vive allí sola unos seis meses al año; hasta que la nieve la echa literalmente.

La pastora resultó ser una mujer muy amable, que nos dio un rato de charla y hasta aceptó que la fotografiásemos. Aunque se nos presentó como la pastora de los Picos de Europa. Pero aunque han pasado muchos años y ha cambiado mucho, a mí no me engañó: esa mujer era Heidi.

Además de vaques, la mujer tiene allí galles y gallines.





María con Heidi.





Proseguimos nuestro camino hacia una zona que se fue escarpando un poco. Aunque la dificultad no es grande, la ruta resultó ser más larga de lo que esperábamos, pero mereció la pena seguir hacia adelante.

Mientras tanto, las vaques seguían a lo suyo: pastar...

...y nosotros a lo nuestro: andar.









Marián convirtió la pared de esta casucha en un improvisado photocall para la tercera sesión fotográfica de la mañana.










Esta estaca nos decía que íbamos por el buen camino.





Una hora y algo o dos horas después, por fin volvimos a encontrarnos con el lago Enol. Eso sí con el extremo contrario; todavía nos quedaba rodearlo enteramente para llegar a nuestro punto de partida.











Y, para acabar, aquí os dejo unas fotos que hice del lago mientras lo rodeamos.







La Basílica de Covadonga.- Fueron unas cinco horas las que estuvimos disfrutando de aquel paraje, hasta que a eso de la una de la tarde volvimos al coche para bajar a la Basílica. Una vez encontramos aparcamiento, lo que nos costó un buen rato, nos dedicamos a visitar el enclave basilical: el templo, con la estatua de Pelayo; la Cuevona, presidida por la imagen de la virgen; y la fuente de los siete caños. Como no podía ser de otra manera, el lugar nos encantó y disfrutamos recorriéndolo durante un buen rato y parándonos a cada momento para contemplarlo detenidamente y hacer fotos.
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Basílica de Santa María la Real de Covadonga: tan espectacular por sí misma como por el enclave en el que se encuentra construida.





El interior del templo es colosal y austero.



La estatua de bronce de Pelayo comparte protagonismo en la explanada con el propio templo cristiano.



Vimos de pasada la Campanona y se nos olvidó prestar atención a la Cruz de la Victoria que indica el lugar donde cuentan que Pelayo fue coronado como rey.

Y aquí unas fotos de recorrido de la Cuevona hasta llegar al altar donde se encuentra la Santina.









Mientras que Marián se dirige ya hacia el altar de la cueva, para presentarle sus respeto a la Virgen de Covadonga, María, Sara y Jose contemplan la cenotafio del rey Pelayo.

Que es éste.

Pasando ante el altar de la Santina, acaba la visita de la Cuevona.

Luego bajamos hasta la fuente de los siete caños.













Zona de la fuente de los siete caños con la basílica al fondo.

Casa María, en Mesta de Con.- De allí pusimos rumbo a la comarca de Cabrales, con la idea de llegar hasta Sotres. Pero antes había que comer, lo que hicimos en Mesta de Con, en un restaurante llamado Casa María, que me había recomendado Antonio, un compañero mío. Comimos de maravilla, pero el recuerdo especial que nos traemos de aquella comida es la tarta de queso que nos zampamos de postre. Rica, rica de verdad.
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Esta foto ya es de después de comer y beber algo.

Villa de Bulnes.- Durante la comida propuse sustituir la visita a Sotres por la subida en el tren cremallera a Bulnes. Se me antojaba que Sotres quedaba excesivamente alejada para el cansancio que ya íbamos acumulando, y que un paseo por la pequeña villa de Bulnes sería más descansado. La idea hubiese sido buena si no me hubiese dado por preguntar desde dónde podríamos ver el Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu, ya que nos indicaron un mirador al que se llegaba a través de una escarpadísima subida, que hay a continuación de las cuatro casas, mal contadas, que son ese pueblecito tan especial. Aunque en más de un momento estuvimos por desistir de seguir la subida al mirador, al final llegamos a lo alto. El paisaje que se contemplaba desde allí era espectacular, pero el Naranjo se encontraba oculto tras una masa de nubes. Desanduvimos el camino realizado, tomamos el tren cremallera de regreso a Poncebos y allí el coche para regresar a casa. Muy cansados pero felices, dábamos por finalizado nuestro primer día completo en Asturias.
Tren cremallera que sube desde Puente Poncebos hasta Bulnes.

Desde la estación del funicular hasta el pueblo hay un paseo agreste, de vistas preciosas.







El pueblecito es tan pequeño como encantador.











Aquí tomamos una decisión que nos iba a dejar reventados: subir hasta el mirador hacia el Naranjo de Bulnes. Una subida dura, sobre todo si tenemos en cuenta el madrugón y la caminata de los lagos. Además, las nubes nos impidió ver el emblemático Picu Urriellu.





A pesar del palizón y la contrariedad, el lugar también tenía su encanto.









Un par de horas despés, quizás algo menos, tomábamos el tren cremallera para regresar a Poncebos.



En Poo de Cabrales hicimos un alto para comprar queso de ídem, en una tienda de elaboración propia a la que Marián le había echado el ojo a la ida. El hombre fue muy amable con nosotros para explicarnos el proceso de elaboración y las propiedades particulares de los quesos que ellos fabrican. Junto a la tienda se encontraba este puentecito, que nos recordó en pequeño al de Cangas de Onís.

También en Poo de Cabrales se encuentra el mirador Pozo de la Oración, desde el que se ve el Naranjo de Bulnes. Pero allí, como en Bulnes, se nos salió el aire, porque las nubes seguían ocultándonoslo.





Aquí dimos por finalizada nuestra primera jornada completa en Asturias, que como las dos anteriores y como las que siguieron de nuestras vacaciones, nos dejaron en el mismo estado: reventados pero felices.

LA JORNADA
(Los Kms. indicados son los realizados en coche aproximadamente)
CANGAS - LAGOS


Kms. sector: 24,400

LAGOS - COVADONGA - BULNES


Kms. sector: 68,400

BULNES - CANGAS


Kms. sector: 56,700

Kms. jornada: 149,500
Kms. Totales: 1057.500


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